Los peores augurios no triunfaron en la noche grande del cine y James Cameron se quedó sin los eunucos dorados más importantes que cada año se entrega la industria de Hollywood. Lo cierto es que, entre tanta medianía como la que figuraba en la lista de candidatas a mejor película, que Avatar se hubiera hecho con el premio gordo no habría sido ninguna tragedia. Pero preferimos que la estatuilla fuese a las manos de su ex por su adrenalítico retrato de la guerra de Iraq.