Lo de los vampiros comienza a convertirse en una preocupante epidemia, y no lo digo sólo por ese señor conocido como Pedrag Mijatovic anclado al butacón merengue. Tampoco por ese fenómeno primero editorial, ahora cinematográfico, conocido como Crepúsculo. Ni por los proyectos que anuncia Hollywood para el recién comenzado curso y que tendrán a esos simpáticos chupasangres como personajes principales. Es que hasta la televisión ha visto un filón en ellos y empiezan a llegarnos series con el tema vampírico en el centro de sus argumentos.
True Blood, que adapta las novelas de Charlaine Harris protagonizadas por Sookie Stockhouse, ha sido una de las primeras en tratar de enganchar a los fanáticos del género y de crear nuevos adeptos fieles a la causa. La historia comienza cuando una camarera de un pequeño pueblo de Louisiana, interpretada por Anna Paquin, que posee la habilidad de leer la mente de quienes están a su alrededor, conoce a Bill, un vampiro vecino de la zona desde los tiempos de la Guerra de Secesión. Como no puede ser de otra forma, la atracción entre ambos se hace más y más fuerte hasta el punto de que nuestra inconsciente protagonista inicia una relación con él. A primera vista, poco más o menos lo que Crepúsculo y secuelas pueden narrar.
Pero no. Porque el creador de la serie, que no es otro que Alan Ball (A dos metros bajo tierra, joya catódica por los siglos de los siglos), es lo suficientemente inteligente como para aderezar el ñoño eje argumental con elementos de enjundia que lo dotan de mayor profundidad. A los asesinatos que conmocionan la localidad en los primeros episodios se unen alusiones a la drogadicción o al racismo latente de la sociedad sureña y de la que son víctimas unos vampiros que ya no necesitan de la sangre humana gracias a un compuesto sintético del que se alimentan.
True Blood no es A dos metros bajo tierra, ni Twin Peaks, con la que comparte una atmósfera extraña en la que se percibe que algo va a pasar. Ni siquiera sé si realmente es una serie reivindicable o una gran tomadura de pelo. Lo que está claro es que me intriga lo que sucede en ese pueblo y que seguiré atento a su evolución en la segunda temporada.
Por cierto, Anna Paquin ha conseguido gracias a su ¿interpretación? el Globo de Oro a la mejor actriz en una serie dramática, quizá el galardón más incomprensible de los otorgados en la pasada gala de las bolas doradas. Gala en la que se volvió a reconocer la calidad de dos estupendas series como Mad Men (los silencios con más significado de la pequeña pantalla) y 30 Rock (hilarante visión del mundillo televisivo en la que hasta Alec Baldwin provoca carcajadas).

Qué poco me gustan a mis las movidas de vampiros...y que lo copen todo: pelis, libros, series...prefiero las de abogados o las de médicos que hay más sangre y violencia...
Escrito por sadieblackeyes el jue, 15 ene 2009
Ay, por cierto, Yo También Estuve en la Asamblea...
Escrito por sadieblackeyes el jue, 15 ene 2009
Bromuro les daba yo, que están más calientes en esa serie que el sobaco de un churrero...
Escrito por Urzainqui el jue, 15 ene 2009