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mar, 13 ene 2009 - G. Samsa

 América nos cuenta la aventura de Karl Rossman, un adolescente arrojado al exilio por su familia “porque había sido seducido por una sirvienta que había tenido un hijo suyo”: su llegada a ese país desconocido y sus intentos de abrirse camino, dando mucha importancia a las personas con las que se va encontrando y al papel que juegan en su vida. Kafka combina a la perfección la picaresca con el absurdo del dramatismo exagerado, de manera que el lector tiene contínuamente la sensación que cada situación es decisiva y crucial, aunque no alcanza a comprender por qué.


El dibujante Daniel Casanave ha plasmado en imágenes la adaptación que Robert Cara ha hecho del texto original de Franz Kafka. Nunca se me había ocurrido que Kafka fuera adaptable al cómic. Tampoco había pensado en cómo sería un cómic basado en una obra suya. Dejando de lado La Metamorfosis (que como tiene bicho, supongo que es más fácil de imaginar, o sea, de traducir en imágenes), el resto de sus escritos son más bien espesos, a veces confusos, desquiciantes. Eso no les quita calidad, ni contenido, pero pueden resultar difíciles de entender.
 
Llevaba ya unas cuantas páginas leídas y no había entendido nada, es decir, sí, había un joven en un barco, que emigraba a América desde Alemania, pero rodeando a todo eso, personajes y situaciones confusos, inconexos, surrealistas. Al final del libro, cuando de repente se acaba el octavo capítulo y con él la historia, sin terminar, sin haber yo llegado a comprender los porqués de la historia, lo entendí: “vamos a ver, esto no es una novela gráfica, esto es una adaptación de un Kafka, no pretendas que los responsables de la adaptación hagan una cosa que Kafka no hizo”.
 
Como adaptación de una obra suya, me parece un buen trabajo: la atmósfera gráfica está muy conseguida, los personajes, podrían haber salido de la mano del mismo Franz: rasgos exagerados, dibujos muy descriptivos y precisos; paisajes, decorados y situaciones muy bien caracterizados. Los trazos en blanco y negro de Robert Cara recrean a la perfección la América que el joven Kafka (tenía 29 años cuando lo escribió) imaginaba desde su escritorio o desde su cama en algún sanatorio de Europa. Kafka no estuvo nunca en América, pero soñaba con viajar y huir de Praga, donde se sentía atrapado. Se nota que los autores se han documentado a conciencia que conocen profundamente el texto.
 
A través de los relatos de viajeros que habían viajado allí y de las primeras películas de cine, el joven Franz sueña con un mundo nuevo, lleno de oportunidades para los jóvenes emprendedores, de mujeres cariñosas, de prodigios tecnológicos, empresas enormes y recursos ilimitados. Un país deformado y exagerado, donde todo es enorme y todo el mundo es bienvenido (ved si no lo pequeño que parece el pobre Karl abrazado por los pechos de Brunelda). Obviamente un país irreal, imaginario.
 
Pero por mucha esperanza que Kafka tuviera en que América podía ser una segunda oportunidad, no todo son alegrías para su alter ego. Karl Rossman tiene 16 años, es casi un niño, inocente y acostumbrado a que otros decidan por él. El mundo adulto con el que se encuentra está lleno de trenes y ascensores, sí, pero también de personas egoístas y mezquinas que se aprovechan de él y lo vapulean a su antojo, nada ni nadie es nunca lo que dice ser, ni lo que aparenta. La visión pesimista de Kafka y su afilado sentido de la realidad le hacen la vida muy difícil a Karl Rossman. A pesar de ello, parece que eso no lo desanima y en las últimas páginas, se dirige feliz hacia un futuro prometedor, a bordo del tren que le llevará al Gran Teatro de la Naturaleza de Oklahoma.
 
Es curioso, parece que esta visión del exceso inocente, por llamarlo de alguna manera, el derroche del que tiene demasiado y no sabe qué hacer con ello (un buen ejemplo, el hotel con más ascensoristas que ascensores), el surrealismo absurdo de sus autoridades (el policía que se inmiscuye en su vida, como si no tuviera nada mejor que hacer), derivaron a medida que la desilusión y la decepción del escritor aumentaban, hacia un enfoque mucho más oscuro: en El Proceso, las razones de que la burocracia sea tan inexpugnable, de la rigidez y estupidez de las autoridades, de la falta de humanidad del estado ya no son una mera mala gestión de unos recursos ilimitados, son un abuso en toda regla, una hostilidad permanente y destructiva por parte del estado para destruir a los individuos, para minar su capacidad de oposición, aniquilar sistemáticamente sus ganas de quejarse, aunque eso implique usar los escasos recursos de que dispone.
 
América es la primera novela que escribió Franz Kafka, en 1912. Se trata de un relato inacabado, pero no por ello menospreciable, teniendo en cuenta que, poco antes de morir en 1924, Kafka escribió a su amigo Max Brod para pedirle que quemara todos sus textos, excepto unos pocos, entre ellos El Fogonero (primer capítulo de esta novela).
 
De las tres novelas inacabadas de Franz Kafka (El Castillo, El Proceso y América), es ésta última la única que se suele calificar de optimista. Esto permite hacerse una idea de cómo son las demás (no he leído El Castillo, pero doy fe de que El Proceso es la novela menos optimista que he leído en mi vida). El calificativo no se debe a que sea un relato lleno de luz y de color, ni tampoco a que transmita al lector una sensación de fe y esperanza en el ser humano, ni mucho menos. Es sólo que abandonó su escritura antes del final, dejando al protagonista vivo y sonriente (algo que no puede decirse de los desgraciados protagonistas de las otras dos novelas).
 
En 1914 Kafka dejó de lado América y empezó con El Proceso. Quizás dejó de creer en las posibilidades de éxito de su protagonista y prefirió abandonarlo antes que escribir su derrota. Max Brod decía que estaba ilusionado con el final y que parecía conciliador, pero, en 1915, Kafka escribió en su diario acerca del final, en que Karl, después de haberse cambiado el nombre por El Negro (?) acaba transformándose en El Olvidado (título original de la novela). En 1917 anotó que la novela estaba influenciada por el David Copperfield de Dickens (que como todos hemos tenido el placer de comprobar durante las largas navidades de nuestra infancia, era un señor muy alegre).
 
Si después de esto alguien tiene ganas de más, podéis ver Entrevista, de Fellini (otro señor optimista que opinaba que Oliver Twist y Pinocho son historias bellas), al parecer inspirada en esta novela.
 
 
América
Daniel Casanave y Robert Cara
1ª edición (23/10/2008)
228 páginas
17 x 24 rústica
PVP: 18,00 €
 
http://www.lacupula.com

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