Como recordaréis de anteriores capítulos (previously on Mandarina) en un editorial comenté que iba a reseñar los nuevos trabajos de Mate y de Remate. El uno publicado en Siesta y el otro en Mushroom Pillow. Pues bien. Como también recordaréis, ni hice lo uno, ni hice lo otro. Que en mi línea se me fue el salto al cielo. Como ya empezáis a conocerme tampoco hace falta que me excuse.
Lo suyo es que el viernes en Radio 3 -quien quiera que haga sus comentarios sobre la nueva programación- Alberto Matesanz nos dejó un acústico delicioso, y desde entonces Ventajas de ser optimista no ha parado de sonar en casa. Echábamos de menos su guitarra, su cadenciosa voz y esos coros femeninos que ya nos engancharon en Sol de medianoche.
Pese al título que nadie se haga ilusiones. Ventajas de ser optimista no es, ni mucho menos, mucho más alegre que su predecesor. Cierto es que alguna de las canciones, como por ejemplo Quiero ser normal, pueden guardar un aire más positivo, pero en general todas mantienen el mismo halo melancólico de Cada vez que amanece o Sol de invierno, por decir alguna del anterior. No obstante (y aquí se puede considerar que tengo el modo soplagaitas on) es una melancolía dulce, la que queda de recordar buenos momentos. En esta línea está Melancolía del verano, que junto a La novia puede pasar por ser lo mejor del disco (damos por apagado el modo soplagaitas).
Hay que destacar que Ventajas de ser optimista incluye nuevos sonidos. Normal aborda los ritmos brasileños con nota -y a mí me recuerda a Envidioso no soy de Carlos de France que no veais-. Por otro lado, quizás por el hecho de estar grabado en Nashville, en algún momento puede sonar algo a cierto country, siempre de una manera sencilla, dejando entrever más que mostrando.
Algo parecido ocurre con Genoveva, que suena a años ochenta, o con el folk en La equilibrista -que tiene una letra encantadora-.
Yo, por mi parte, me quedo con La novia. Magnífica.
