Mandarina Magazine

Cine

sáb, 26 jul 2008 - El Abuelo

Vamos a empezar con fuerza: No puede haber nombre más ridículo para una película que éste. Anda que no había posibilidades, anda que no ha habido a lo largo de la historia comedias románticas de esas que rebosan miel en cada hoja de su guión y han tenido la decencia de encontrar un título, cuando menos digno.


Sigamos por los mismos derroteros: Me pregunto qué carajos se le pasó por la cabeza a Hilary Swank el día que aceptó ser la protagonista de ésto. ¿Estaba bebida? ¿Había salido de compras, se había gastado un pastizal y necesitaba dinero de manera fácil y rápida? Joder, que hubiera acudido a una oficina de Credit Services antes de meterse en este berenjenal, que la ha armado picuda...

A los cinco minutos de empezar a ver la película te preguntas qué coños haces en el cine: Hilary Swank, a la sazón protagonista del entuerto, discute con su maromo -sacado del Sport Illustrated- sobre lo lamentable de su vida: ella es agente inmobiliario y él tiene una empresa de alquiler de limousinas y ambos son de la opinión de que su casa es una auténtica bazofia y no tienen ni un duro. Pues bien, ya verles discutir, ahí, en los primeros planos, en medio de una casa que podría ser portada del Tu casa o de El mueble, decorada hasta el más mínimo detalle, es de partirse la caja.

Se gritan y lanzan trastos como si estuvieran a punto de ser nombrados La familia desestructurada del mes, cuando ambos no dejan de ser unos modélicos Barbie y Kent cocinillas. Si en realidad querían mostrar una pareja con problemas, había millones más de escenarios que el que eligieron.

La cosa es que tras la discusión viene la calma, el te quiero mucho, el te adoro, el perdona he sido un imbécil, y el sexo (aunque no se muestre uno, que es muy listo, se lo imagina). En la siguiente escena estamos en un funeral, y es que resulta que el maromo ha fallecido de un tumor cerebral. Vaya.

Algo que tenía que provocarnos congoja y pena no pasa de ser cinco minutos casposos y ridículos. Entra en acción Lisa Kudrow (sí, la Phoebe de Friends), en un papel de mujer desesperada por un hombre bastante lamentable.

Tras el funeral, Swank vuelve a casa, echa de menos a su marido, hasta que empieza a encontrar cartas que éste, en su último mes de vida, le fue dejando escondidas. Vamos, como en Mi vida sin mí pero en cutre. Y sin lagrimones, por supuesto.

Postdata: te quiero como comedia romántica no vale un ápice. Y como película, menos.

Avisados estáis.

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