Retorno a Mandarina con un libro de más de 1.000 páginas debajo del brazo, para así justificar que en mi ausencia he aprovechado el tiempo.
La "obrita" en cuestión es Vida y destino (Galaxia Gutenberg, 2007) de Vasili Grossman, un escritor soviético de origen judío que cubrió como periodista la batalla de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial y la liberación del campo de concentración nazi de Treblinka, entre otros terribles sucesos de esa época en la Europa oriental.
La peripecia de la propia obra ya merecería ser contada en sí misma: cuando el autor presentó el manuscrito para su posible publicación, el KGB confiscó todas las copias existentes, los cuadernos de notas de Grossman, e incluso la cinta de su máquina de escribir, ya que las autoridades soviéticas consideraron que la obra podría hacer más daño a la imagen de la URSS en el mundo que el que hizo Doctor Zhivago de Boris Pasternak.
Clandestinamente se pudo sacar la obra del país sin que su autor hubiera podido verla publicada (murió en 1964), para que en 1980 se publicara en Suiza por primera vez.
La novela, que ha sido comparada con Guerra y paz de Tolstoi, traza una complicada red de relaciones personales, políticas y de parentesco en torno a la familia Shapósnikov, con el telón de fondo de la cruel batalla de Stalingrado, los gulag estalinistas y los campos de concentración nazis. La novedad de todo este planteamiento no está en el tema, por supuesto, sino en cómo llega a identificar la crueldad de los dos sistemas totalitarios en liza durante la Segunda Guerra Mundial.
La tesis de Grossman es que el totalitarismo devora las individualidades y acaba convirtiendo a los individuos en monstruos, ya sea en nombre de la Gran Guerra Patriótica soviética o en nombre del III Reich. No me extraña que la KGB se pusiera nerviosa.
En cuanto a la obra literariamente hablando, hay que avisar a quien empiece a leerla que, si no ha leído nunca una novela rusa, debería armarse de paciencia para identificar claramente los personajes (suelen ser llamados de 3 o 4 formas diferentes en la obra: apellido, nombre, patronímico, abreviatura...).
Una vez hecha esta advertencia, la novela sigue la mejor tradición del realismo ruso, aderezada con las convenientes notas de realismo socialista: una trama extensa y compleja, personajes muy caracterizados (algunos magnéticos y otros repulsivos), cierto tono o visión moral al estilo de Tolstoi, una habilidad innegable para mantener el interés del lector, y una visión global de la época y el momento histórico realmente envidiable.
Para que quien esté interesado se haga una idea más aproximada, ahí va un enlace con un pequeño aperitivo en PDF.
Sí, ya sé que es toda una paradoja que despache un libro de 1.000 páginas en 15 líneas, pero quien quiera más detalles, que invierta esos ratitos tontos en la playa en echarle un vistazo a esta novela imprescindible para comprender mejor el siglo XX.

te paso Un mundo sin fin para que termines de calzar la mesa?
Escrito por El Abuelo Cascarrabias el jue, 17 jul 2008
Venga, vale... Yo me lo empecé a leer y entre que no tenía yo el día y que soy muy lerda y todos se llamaban ***ovich o ****ilich, al final está ahí en la mesilla y todas las noches le pongo ojitos, pero me quedo en eso.
Escrito por La Mujer Tirita el jue, 17 jul 2008
Pues mira que una está curtida en leer novelones rusos... pero reconozco que cuesta un tanto (apenas llevo 70 páginas) coger el hilo, pero ¡a mí con esas! Con el morbo que me da el novelón ruso con granitos de arena entre sus páginas... hummmm se me hace la boca agua...
Escrito por Martina el lun, 21 jul 2008