mié, 09 jul 2008 - Halo
El escritor Graham Swift es poseedor de una producción irregular. Si La luz del día y El país del agua son dos estupendas novelas, Mañana es un título que pasa sin pena ni gloria, es más, con más pena que otra cosa.
Paula y Mike son una pareja modelo con dos hijos gemelos, Kate y Nick, que van a cumplir 16 años. Paula se dispone a contarles un secreto que se supone va a cambiar su vida.
A partir de aquí, una novela que bien podría haber sido un relato de longitud media de unas 50 páginas como mucho, se convierte en un verdadero infierno que te lleva a lo largo de unas 200 páginas por los entresijos de un secreto que los muchachos, que se les presupone medianamente inteligentes y con una mentalidad abierta cuando menos gracias al nivel de vida que se les ha dado gracias a las profesiones de sus padres (él dirige una editorial científica, The Living World, y ella es marchante de arte).
Se supone que mientras el padre duerme la noche anterior al 16 cumpleaños de sus hijos, Paula relata cómo fue su vida antes de que ellos nacieran y cual es la historia de su nacimiento.
Hablar de fecundación in Vitro, de amores verdaderos y de aventuras de una noche a estas alturas no tiene ningún misterio, que la novela la escriba un hombre y hable en primera persona como si fuera una mujer, tampoco.
Swift decepciona como cuando vas a ver una película de Almodóvar expectante e ilusionado porque esperas una buena película y sales diciéndote a ti mismo que la próxima película no las irás a ver el día del estreno. Pues lo mismo, Swift alarga la historia hasta límites insospechados y aburre a los caracoles (los que estudiaba Mike el protagonista del libro cuando era joven antes de decidirse a ganar dinero para llevar una buena vida) dando vueltas y más vueltas a una cosa que se cuenta en dos minutos.
El monólogo que se marca Paula deja bastante que desear, la atmósfera que recrea después de repetir dos veces lugares comunes y personajes colaterales, se hace lenta y repetitiva hasta decir basta. Estaría bien recomendarle a Swift que lea y recupere a Delibes y sus Cinco Horas con Mario si quiere hacer algo similar en un futuro y quiere hacerlo bien, el vallisoletano es un verdadero maestro en esto.
Así que pese a que está editada en Anagrama, editorial estándar para esto del gafapasteo, si podéis obviarla, hacerlo, dedicaros a algún libro de Ian McEwan, que siempre valen la pena.
