mar, 01 jul 2008 - Conway
Nada menos que 25 años después de su muerte, la figura del escritor John Fante comienza a alcanzar en nuestro país la dimensión que merecía y que nunca llegó siquiera a rozar. De origen italiano, aunque nacido en los USA en 1909, buscó en California el éxito soñado y hacia allí se encaminó en 1929, justo cuando la Gran Depresión llamaba a la puerta del imperio. Eso sí que es tener visión de futuro.
Sus libros son el reflejo de su propia existencia. En ellos, personajes pobres y con la palabra “perdedor” escrita en la frente se enfrentan a un mundo que parece no darse cuenta de su presencia en él y los condena a padecer una larga serie de desdichas de la que parece imposible escapar.
Su álter ego en la ficción, Arturo Bandini, es el protagonistas de la obra central de Fante, una tetralogía en la que nos cuenta el camino que recorre desde su cochambrosa vida en el medio oeste americano hasta sus todavía más patéticas correrías en Los Angeles. Allí, tal y como también hizo él mismo, se sienta delante de una máquina de escribir e intenta ganarse la vida con sus relatos pese a la indiferencia general que despierta la mayoría de ellos.
Pregúntale al polvo, una de las novelas que conforman esta colección, fue trasladada al cine no hace demasiado tiempo con Colin Farrell y Salma Hayek como protagonistas y sin el espíritu transgresor que plasmaba su autor en las páginas.
Su estilo ágil y directo, su desinhibición a la hora de tratar de cualquier asunto y la galería de personajes que circulan por sus libros entroncan la literatura de Fante con el realismo sucio que, décadas después, se convertiría en la seña de identidad para generaciones de escritores norteamericanos.
Recientemente, Anagrama ha publicado todas sus novelas (la última, Llenos de vida, recién salida de la imprenta) y nos ha dado la oportunidad de disfrutar de un escritor del que apenas conoceríamos nada si Charles Bukowsky no lo hubiera reivindicado como una de sus influencias más importantes y lo hubiera sacado, así, a la luz del común de los mortales. Salve, Hank.
