Loquillo acaba de editar Balmoral, el decimoquinto disco de su carrera, un dato difícil de contrastar debido a su creatividad en solitario y a su pertenencia a varias bandas. El disco, dividido en dos cds y con 16 temas en total, ofrece una vuelta de tuerca más al estilo que tanto ha caracterizado a este genio de la música española, una propuesta elegante, roquera en la faceta Loquillo pero con signos que delatan su atención a lo que ocurre en el espectro sonoro.
El título del disco es un homenaje a un bar mítico madrileño ahora desaparecido. Su contenido, sin embargo, varía entre la nostalgia hacia lo que ya ocurrió y el ensalzamiento del presente, estos tiempos en los que la industria se mueve hacia nadie sabe dónde aunque en el camino se encuentre con la opinión de algunos. Loquillo es de los que siempre la tienen y nunca se la guardan. Loable al menos.

En lo musical, Balmoral no defrauda. Si bien no se halla entre sus temas ningún Cadillac Solitario en versión actualizada, todas las canciones que componen el álbum tienen una razón de ser, ese punto de interés que no hace dudar de su importancia a la hora de formar parte del proyecto. Con una producción cuidada, su desarrollo sin sobresaltos y repleto de calidad engloba todo lo que se debe esperar de un trabajo del barcelonés, todo y, en ocasiones, un poco más.
Una de esas ocasiones es Sol, la cuarta propuesta, con una progresión en la que se mezcla sin rubor el rock con la base electrónica, sorprendente y expresiva. Cruzando el Paraíso (tres cortes más allá) representa otro de estos puntos álgidos con la participación de Johnny Hallyday, ese mito incombustible galo que se acerca al universo Loquillo para aderezarlo con su castellano afrancesado. Hotel Palafox o Memorias de Jóvenes Airados (con ellas se entiende el guiño hacia tiempos ya vividos), son sólo dos propuestas más para empezar a saborear un todo dividido en 16 piezas que concuerdan a la perfección.

Vale, pero en concierto...ejem-truño-ejem
Escrito por Bea el lun, 19 may 2008