Esta mañana, mientras escuchaba por última vez el último disco de Niños Mutantes, Todo es el Momento, me he dado cuenta que en varias ocasiones lo que oía me ha recordado al último trabajo de Tachenko. Está claro que uno de los principales motivos para crear esta asociación es el comentario que publicamos sobre los zaragozanos hace apenas un par de semanas en Mandarina, pero existen otros muchos. Su música se asemeja, su forma de cantar también, lo que evocan es similar y hasta los títulos que las dos bandas han elegido para sus últimos trabajos se pueden enlazar de alguna manera. La moraleja está clara, si os gustó Esta Vida Pide Otra, os agradará Todo es el momento. Si no, os podéis ahorrar un intento.
El nuevo álbum de Niños Mutantes, inmediatamente posterior a sus aventuras por los Grandes Éxitos de Otros, es un compendio de melodías pegadizas y casi siempre poperas, una base musical minuciosa y elegante, en la que la producción también tiene parte de culpa, y unas letras que, sin llegar al nivel de poesías, cuentan sus historias. Una de las primeras coincidencias de las destacadas más arriba se refiere al optimismo que despiden las canciones. Una vez más, esto no tiene que ver con el mensaje de sus letras, sino simplemente al aire que desprende cada una.
Da la impresión de que los granadinos han querido dedicar un homenaje al cambio sin necesidad de reflexionar hasta la saciedad, a la lucha contra la negatividad y el pesimismo. A través de impactos directos (tanto líricos como musicales) el trío expresa en trece cortes una serie de ideas que, aunque en ocasiones parecen advertencias, siempre resuenan en la cabeza como un “vamos hacia algo mejor”.

Sapos y culebras abre el disco e inaugura también esta sensación. Es uno de los mejores temas del disco y, por supuesto, es la primera confirmación de lo que luego vendrá. Digamos que no es mala manera de empezar la mañana. Sin complicaciones, alegre y dominada por algunos momentos de luz que luego se repiten en No sabías que era tu oportunidad, buena instrumentación, o No puedo más contigo, con sus silbidos.
En conclusión, un álbum hijo del pop, ellos mismos reconocen que en las elecciones para este disco han dominado mucho menos el rock, adecuado para momentos sin ninguna significación (un “pasar el rato” no exento de calidad) guiado por la senda del optimismo.
Lo de la relación entre el título (Todo es el momento) con el trabajo más reciente de Tachenko (Esta vida pide otra), el último disco de Grande-Marlaska (El Momento de hacer) e incluso lo nuevo de Mishima (Set tota la vida), espero que no sea nada personal…

El disco mola, y la carátula más.
Escrito por El Abuelo Cascarrabias el lun, 05 may 2008
Realmente un gran disco. Si bien es verdad que un poco menos rockero que anteriores trabajos, la esencia del sonido de los mutantes queda bien reflejado.
Escrito por Dr.Brigato el mié, 07 may 2008