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Cine

dom, 06 abr 2008 - Mrs. McGuffin

No sé por qué, pero a medida que iba transcurriendo La noche es nuestra me venían a la cabeza otros dos thrillers policiacos en los que los límites entre lo correcto e incorrecto, entre el bien y el mail, son débiles y difusos: American gangster e Infiltrados.


Nos encontramos en el Nueva York de 1988: la mafia rusa se está haciendo con las calles a base de vender cocaina de gran calidad y con un empleo inusitado de la violencia, sin reparo alguno a utilizarla si es necesario. La policía local, más corta en efectivos y siempre a remolque, se muestra inoperativa y los traficantes campan a sus anchas. Es una guerra en toda regla en la que los de uniforme tienen todas las de perder.

En este escenario nos encontramos ante dos hermanos cuyas vidas han tomado sendas paralelas: mientras uno, Joaquin Phoenix ha escogido la independencia y el hedonismo por encima de todo, trabajando de gerente en una de las salas de fiesta más reconocidas de la ciudad, el otro, Mark Walhberg ha seguido los pasos del padre, Robert Duvall, y se ha hecho policia. Del departamente de narcóticos, para ser más exactos. A partir de aquí toda la película girará entorno a la lucha encarnizada entre ambos: mientras Wahlberg intenta evitar que los rusos sigan campando a sus anchas, Phoenix intentará mantenerse al margen, pese a ser un personaje cercano a todos estos núcleos de delincuencia.

Bajo este argumento subyace la idea última del precio de la ética: cuánto cuesta, cuál es el precio que hay que pagar por ser honrado, por actuar de la manera que se considera correcta, frente a un lado oscuro en el que todo son facilidades y parabienes, sin importar el cómo.

La noche es nuestra

Destaca por encima de todo la fotografía: Nueva York se convierte en un personaje más y se recrea un ambiente cargado y tenso, cerrado y axfisiante, en el que no hay resquicio para imágenes claras o colores cálidos: si hay escenas de exterior estas transcurren en días nublados, a primera hora de la mañana, donde poder mostrar sin tapujos las facciones derrotadas de los personajes. Si por el contrario la escena es nocturna, nos encontraremos con planos oscuros en los que apenas se muestra nada, con apenas visibilidad, dando paso al sonido para continuar la historia.

Sobre los actores sobra decir que Robert Duvall es el mejor de todos, en el papel de padre a medio camino entre dos hijos distanciados y que, como antiguo policia, tendrá que tomar parte. Joaquin Phoenix está bien, aunque tengo la sensación de que peca de exceso de expresividad en ese papel suyo de enfant terrible; todo lo contrario de Mark Wahlberg, que en su línea de inexpresividad no infunde sensación alguna.

Mención aparte merece Eva Mendes, que con un papel cortito como novia de Phoenix, demuestra que puede hacer cine más allá del comercial.

Aunque creo que sobra metraje (son 117 minutos) y hay partes que ralentizan la trama, pudiéndose haber resuelto con media hora menos, considero que La noche es nuestra es una buena cinta de cine negro, completa, en la que se muestra la violencia de una manera seca, firme, tal y como puede ser en realidad y sin concesión al sentimentalismo.

 

 

 

 

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