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dom, 09 mar 2008 - El dinosaurio

A veces mi fobia a conducir me proporciona algunas sorpresas agradables. Me permite, por ejemplo, aprovechar un viaje de siete horas en autobús para recuperar el placer de abrir un libro y leerlo de un tirón, desde la primera hasta la última página, deteniéndome sólo un par de veces para estirar las piernas en un bar de carretera. Claro que para conseguir algo así es necesario que el libro tenga la virtud de mantenerme atento durante muuuchos kilómetros; que sea entretenido, pero no banal; inteligente, pero no excesivamente pretencioso. Por suerte, llevaba conmigo El enigma de Paris.


El enigma de Paris es una historia clásica de detectives, o mejor dicho, una historia de detectives clásicos. Con el Paris de finales del siglo XIX como trasfondo, el libro nos introduce en El Club de los Doce Detectives, una organización que agrupa a los mejores investigadores de la época. Los integrantes de éste selecto club se reúnen días antes de la inauguración de la exposición Universal de 1889 para ilustrar al mundo sobre los avances del razonamiento humano. Sin embargo, la muerte de uno de ellos saca a la luz las vilezas, odios y rencores que existen entre tan magnas mentes. Los detectives se enzarzan en una competición para encontrar al asesino mientras los crímenes se multiplican a su alrededor.

Del mismo modo que Watson relataba las historias de Sherlock Holmes, El enigma de Paris esta narrado por el ayudante o adlátere de uno de los detectives, Sigmundo Salvatrio, que es, a la postre, más inteligente que todos ellos. Pero esa es una pequeña sorpresa final que es mejor no revelar…

La historia es divertida y ágil. El autor, Pablo De Santis, salpica la novela de enigmas menores, pequeños relatos detectivescos dentro de la trama principal que añaden ritmo a la narración, y al mismo tiempo juegan a distraer al lector, proporcionándole pistas falsas.

Quizás algunos lectores crean que la novela es excesivamente convencional. Sin embargo, el autor se divierte quebrando de vez en cuando alguna de las reglas del género, que fueron escrupulosamente marcadas en los años 20 por S.S Van Dine. Sólo hay una trasgresión que no está justificada: el autor se guarda algunos datos claves para la resolución del misterio, de modo que en el desenlace el lector puede sentirse engañado.

A pesar de ello, El enigma de Paris es una lectura muy recomendable, que no tiene más pretensión que la de entretener. Si ese era su objetivo, Pablo de Santis puede estar tranquilo. Lo ha conseguido.

 

 

 

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