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Música

vie, 11 ene 2008 - Paranoid
El Momento de Hacer, el primer disco de Grande-Marlaska, es exactamente lo que uno se imagina que va a escuchar antes de colocar el cd en el reproductor. El grupo madrileño ha bañado su debut con pop en toda su extensión, sonidos puros sin atisbos de arreglos superficiales, optimismo hecho música (aunque a veces las letras no acompañen) y, sobre todo, comodidad ante la creación de un álbum desde cero. Porque el hecho de que tres artistas hagan exactamente lo que quieren, se nota y de qué manera.

Las trece canciones que forman El Momento de Hacer dejan un sabor de boca optimista, alegre, como si nada de lo que pudiera ocurrir a continuación fuera a ser dañino. Con la simplicidad como clave (simplicidad nunca entendida como elemento peyorativo), la banda, conocida por sus compromisos culturales, expone una visión del mundo recogida a través de conciertos y vivencias que no empezaron ayer. El Momento de Hacer es el resultado de años de trabajo caracterizados por dirigirse hacia una meta inexistente, un objetivo final que nunca se correspondió con la grabación de un LP. Eso era, únicamente, una posibilidad.



El poder acústico del disco sorprende desde el primer momento. Grande-Marlaska huye de artificios y producciones estentóreas para mostrar de una manera fiel y pura lo que los diferentes instrumentos utilizados pueden ofrecer. Tras un contacto inicial, la impresión que prevalece es que todos los temas, en su conjunto, se han grabado en una única sesión, en directo en el estudio, con la frescura y la sinceridad que este hecho acarrea. Un bajo definido, una batería en evolución y algunas secciones de viento sobrevuelan la realidad sonora mientras los solistas, a dúo ella y él, ponen su granito de arena a la composición.

Grande-Marlaska


Rompeolas II se erige como ejemplo perfecto. En menos de dos minutos, Grande-Marlaska es capaz de trasmitir un mensaje esperanzador a través de la mezcla sonora dominada por una trompeta y las voces protagonistas. Eso sí, esta visión tranquilizadora del futuro sólo se comprenderá si se obvia el significado de las letras, un poco más negativo. Es algo así como contarle historias de derrotas y maldad (y esto es sólo un símil) a alguien o algo que no entiende el idioma que utilicemos. Dependerá del tono que se use el que el interlocutor sonría o muestre evidentes signos de alegría, por mucho que el contenido del monólogo sea más bien negativo.

También destaca, dentro del álbum debut, Turno de Réplica. La octava pista del disco se destapa como un punto intermedio entre el pop y el rock & roll, con una guitarra eléctrica que se queda con ganas de morder un poco más y un ritmo acorde a las circunstancias. Como diría un anuncio de piso en alquiler, mejor ver (escuchar).

Por lo demás, todas las canciones reflejan la intención de los madrileños de realizar un trabajo que, sin salir de un pop luminoso y complice de los sentidos, se disperse de forma constante entre diferentes registros y variaciones sutiles.

Por cierto, en su propia página se puede escuchar el disco en su totalidad.

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Mira lo que han dicho los que llegaron antes que tú:

  1. No sabía que el juez gay cantaba.

    Escrito por Ultrasónica el vie, 11 ene 2008

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