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Cine

vie, 21 dic 2007 - Paranoid
Ksar Sghir es una pequeña localidad situada a unos quince minutos en coche al este de Tánger. Desde su coqueta playa de arenas vírgenes, la península se ve más cerca, al alcance de la mano y, con un poco de imaginación o algo de necesidad, a golpe de braza. Allí, un vistazo separa la riqueza de la miseria, la comodidad del hacinamiento y la vida de la supervivencia. Y lo peor es que el objetivo se atisba justo enfrente, de forma clara y bien definida, con la nitidez que da el hambre y las ganas de prosperar.

Esta cercanía que se comprueba desde la orilla del Atlántico se intuye también desde el centro mismo del continente africano. Las noticias vuelan y las quimeras más aún. Si estas quimeras las alimentas con un toque de mafia, otro de juventud y un tercero de engañosa televisión por satélite, el resultado es un viaje como el que Gerardo Olivares ha querido plasmar en su premiada 14 kilómetros, la distancia que dicta si has nacido en el lugar adecuado o si tu meta es alcanzar ese lugar te cueste lo que te cueste.

La película, ganadora de la Espiga de Oro en la pasada edición de la Seminci, aborda un tema a menudo relativizado por los medios y la sociedad en general. Tres jóvenes, Violeta, Buba y Mukela, deciden atravesar el desierto del Teneré, parte de Argelia y Marruecos, para alcanzar la costa y atravesar el Estrecho de Gibraltar en patera a la caza desesperada de un futuro mejor. Etapa a etapa, los protagonistas recorren miles de kilómetros a pie, en camión, en autobús o incluso en camello, con un denominador común presente en cada uno de los episodios, la continua renuncia a la dignidad en pos de una oportunidad que ni siquiera cuenta con el éxito asegurado.

La historia atrapa y la empatía incluso duele en algunas partes del relato, en situaciones que si bien no son desconocidas para el público, sí son obviadas en el día a día en el que únicamente nos llegan los datos de las pateras o los cayucos localizados. No cabe duda que las jornadas en el mar (en el caso de los cayucos) o el peligroso cruce del Estrecho ponen a prueba la resistencia de los inmigrantes, pero el trayecto en sí hasta la línea costera resulta más duro si cabe. Esto es, precisamente, lo que Gerardo Olivares en su trabajo, una película bien contada que sólo pierde fuerza en algunos diálogos en francés, muy forzados, y el excesivo optimismo mostrado en la resolución de algunas situaciones.

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