mar, 18 dic 2007 - Conway
Con sus dos últimos trabajos, Ang Lee se ha confirmado como el director sobrado de talento que ya apuntó maneras con Comer, beber, amar y que, en sus primeros pasos en el cine USA (La tormenta de hielo) radiografió como si hubiera nacido en la misma Nebraska las miserias de la civilización yanqui. Un par de años después de que pusiera patas arriba el universo mítico del oeste americano con la sensacional Brokeback Mountain, el director taiwanés dirige su mirada a Oriente, en concreto a los convulsos años treinta en los que China se encontraba sometida al yugo japonés.Deseo, peligro supone un acercamiento más a un escenario que Lee domina como pocos en la actualidad, el de los sentimientos soterrados, los que tienen que quedar ocultos por nuestra propia seguridad. Si en su anterior film eran dos cowboys los que se veían obligados a fingir ante el resto de la sociedad su condición de homosexuales, en ésta es una joven la que es arrastrada a una historia de amor trágico sin que pueda hacer nada por evitarlo.
Uno de los pocos reproches que se le puede hacer a la cinta es quizá su tardanza en meter al espectador de lleno en la historia de una integrante de la resistencia contra los japoneses y aprendiz de espía que inicia un peligroso juego de seducción que le llevará hasta el señor Yee. Tony Leung, habitual en las películas de Won Kar-wai, ofrece un recital interpretativo con este personaje, a quien sabemos cruel y despiadado pero del que no podemos evitar sentir compasión en un final que recuerda (al menos a mí, y es lo que cuenta) a la escena de la camisa de Brokeback Mountain. Si os acordáis de ese momento, seguro que sabéis apreciar Deseo, peligro.
