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Libros

sáb, 25 ago 2007 - Kowalinsky

Se cumplen cincuenta años de la publicación de On the Road, la obra clave de Jack Kerouac y de paso también el manual de uso de la Generación Beat.

El libro se sitúa en la América profunda de los años cincuenta. El protagonista, el mismo Kerouac, lleva a cabo un viaje por la Ruta 66, que debe su celebridad al mismo libro, y nos va relatando sus experiencias por cada una de las ciudades que va visitando. El viaje es, como casi todos los viajes, una mirada hacia dentro. Una mirada particular hacia todo lo que es, o cree ser, el personaje. Y aquí es dónde nos enfrentamos con el pesimismo vital, con el ansia de libertad, con la necesidad de experiencias nuevas y con alguna que otra memez más.

No es muy difícil adivinar el secreto del éxito de este libro. Imagínense; América, años cincuenta, tradición familiar, caminos marcados, etc. Entonces llega un tipo y cuenta que hay otra manera de hacer las cosas. Y encima lo cuenta de forma original, con un estilo narrativo que nadie había utilizado. La ecuación no parace muy complicada.



Es a partir de su publicación que los Beatniks empiezan a creerse su propio cuento. Ginsberg, Burroughs y toda la plana mayor al completo, creando algo que seguramente tuvo mucha más importancia de la que se le ha dado. Se diría, o mejor dicho, lo diría yo, que aquí empieza todo el frenesí y la libertad y el estruendo de todos los movimientos posteriores. Empezando por los Beatles y terminando en algún lugar que todavía no conocemos o preferimos no conocer.

Quizás les parezca esto demasiado solemne, o demasiado resumido, y quizás hasta tengan razón. Pero es sólo para que se hagan a la idea de la importancia del libro. Importancia que, por otro lado, no se corresponde, en mi modesta opinión, con la calidad del libro. Dicho de otra forma, si quieren leerlo, bien, si no, pues también.

Así estamos. El libro no es ninguna maravilla. Nada que ver con las grandes novelas del s.XX con las que quieren compararlo. Demasiado lineal (signifique lo que signifique eso) el libro cuenta solo con el gancho que supone el estilo novedoso, aunque sin excelencias, de Kerouac. Más allá de eso, poco se puede destacar.

Pasadas las cien primeras páginas uno se empieza a preguntar para qué tanta parafernalia. Más que un libro parece un panfleto. Y bueno, los libros son libros y los panfletos son panfletos. Y puede que haya libros que sean buenos panfletos, y también panfletos que sean grandísimos libros, pero este no es ejemplo ni de una cosa ni de la otra.

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